PUBLICACIONES EN REDES 2023

No intentes entender al niño que fuiste con los ojos del adulto que eres.
En el mundo infantil, cuestiones que pueden pasar desapercibidas para los mayores es posible que tengan una gran importancia para los pequeños. Así, acciones aparentemente inofensivas pueden ser muy dolorosas, mientras que otras que se creen mayúsculas realmente ser insignificantes.
Lo que a menudo lleva a los menores a sentirse queridos, valorados y protegidos son minúsculos gestos cotidianos y frecuentes, palabras y acciones que para algunos pueden pasar por simplezas.
El adulto, por su parte, a veces cae en el error de buscar solo los grandes hitos, aquellos que rellenan su mente, pero que descuidan lo sencillo y cálido, lo que alimenta de verdad a los tiernos corazones de sus vástagos.
De igual forma, a veces son expresiones y formas de hacer que acostumbramos a soportar de nuestros jefes, parejas, compañeros,..., las que entendemos que deben ser igual de bien encajadas por los que todavía no tienen el bagaje suficiente como para hacerlo, sin reparar que el lugar desde el que estos últimos miran está hecho de afectos mucho más intensos y honestos.
Lo importante no es que me des lo mismo que yo te doy, sino que los dos pongamos lo mismo para darnos lo que nos damos.
Actuar de manera recíproca con el que valoras no va tanto de buscar intercambiar una cantidad exacta de favores, muestras de afecto o desvelos; más bien, se trata de que ambos hagáis un esfuerzo de igual proporción a la capacidad que tenéis para aportar.
Así, no es cuestión de cuánto podamos compartir, se trata de qué motivación tenemos por hacerlo, pues claro está, la fuerza que tengamos para ello podrá ser similar, pero también diferente.
Por tanto, importante será tener en cuenta que no será comparable el anciano al joven, el maduro al bebé, o el sano al enfermo. Pero tampoco parece idóneo olvidar que sí sería legítimo y sano solicitar un aporte igual a condiciones gemelas.