TODO CAMBIA Y TODO PERMANECE.

Los humanos somos seres que no podemos dejar de hacer. De una manera u otra, nunca dejamos de producir o transformar cosas, ya sea generar alimentos, construir viviendas, diseñar proyectos,… De igual manera, en el ámbito psicológico y relacional, nunca dejamos de crear y modificar relaciones, sentimientos, ideas,...

Esta dinámica de dar forma y utilidad constantemente va aparejada a la realidad de que nada de eso es eterno, sino cambiante. Se puede decir, sin miedo a equivocarnos, que nada de lo que hacemos permanecerá igual para siempre y que estamos inmersos en una carrera eterna de creación de cosas que irán evolucionando o involucionado, dependiendo de la perspectiva, para después desvanecerse, dando lugar, de manera continua, a la producción de otras nuevas.

Si observamos la naturaleza, parece darse un proceso similar. Las formas de vida nacen, crecen y mueren, en un ciclo interminable que nunca es similar, sino cambiante a lo largo de lo que ha dado en llamarse evolución. Ante esto, es fácil observar que todo lo vivo está en cambio continuo.

 

En lo que respecta al mundo, cuando nos acercamos a niveles mucho más profundos o mucho más amplios de los que llegamos a simple vista, sí podemos observar que la materia, la energía y las  leyes que las rigen conllevan permanecía. Por ejemplo, la planta nace, se reproduce y muere, pero sus átomos, elementos químicos  y las leyes que marcan la relación entre ellos seguirán siendo los mismos que fueron siempre. 

Así, podría decirse que, aunque aparentemente no hay estabilidad, por  lo menos, en lo que tiene que ver con el mundo material esta sí existe, a pesar de que no pueda observarse sencillamente.  Lo dicho, como es obvio, también se aplica a todos los elementos materiales que construimos las personas. Ante esto, podemos entender que todos nuestros esfuerzos por modificar la materia y la energía lo hacen de una forma en la que esta nunca queda igual en un aspecto que podríamos considerar externo, pero sí en su esencia más básica.

 

Si nos vamos al ámbito de nuestra psique, todo lo que pensamos, sentimos y hacemos se modifica constantemente. Al movernos  en el terreno de las relaciones personales podríamos decir algo similar, pero aplicado a lo que vivimos con los otros. De esta manera, indudablemente, podemos afirmar que nada queda fijado en su forma habitual. Un abrazo acaba, un sentimiento pasa, una palabra desaparece,... Sin embargo, hay algo muy humano que sigue ahí. La necesidad, la fuerza, el impulso  de este por amar y ser amado sigue permanente  día a día, año a año y generación tras generación.

 

AUTOR: Juan Antonio Alonso.