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Llevarnos bien implica aprender de nuestros errores, darnos cuenta de que a veces nos confundimos al interpretar los sentimientos y pensamientos del otro y que a este le ocurre lo mismo.
Si buscas que los demás se comporten de una manera siempre correcta contigo, solo encontrarás frustración. Lo mismo que si crees que tú lo lograrás. Hay cosas que simplemente no son posibles.
Así, lo que deberíamos esperar los unos de los otros es la intención de mejora, el esfuerzo por leer lo que tenemos dentro, pero nunca una ilusoria perfección que jamás podrá ser encontrada.

Si esperas a sentirte bien para hacer lo que tienes que hacer, es muy posible que nunca lo hagas.
Dejarnos arrastrar por las emociones en todas las ocasiones nos llevará a vivir únicamente reaccionando a lo que pasa en ese momento.
La vida no solo requiere actuar a corto plazo, también necesita que seamos persistentes en muchas conductas que, si bien en ese momento conllevan malestar, a largo plazo provocarán bienestar.
Así, para conducirnos de una manera realmente eficaz, debemos encontrar un equilibrio entre reacciones destinadas a solventar lo sentido en ese tiempo concreto y lo que sentiremos al ser constantes.

Evitar aquello que nos aleja de lo importante será de lo más útil que podamos hacer. Alejarnos de lo valioso por evitar cosas molestas será de lo más perjudicial que lleguemos a realizar.
Es algo esencial en la vida conocer cuándo es sano evitar y en qué momento es todo lo contrario, dañino.
Una cuestión esencial para conocer la diferencia es observar la dirección en la vida que nos conduce hacia un lugar realmente importante.
Con conciencia de la senda valiosa podremos saber qué es lo que nos entorpece el camino y, de esa manera, identificar aquello que es evitado de una manera correcta.
De igual manera, también será más fácil ver con claridad aquello que al ser evitado nos aleja de lo realmente significativo. Aquellas cosas que al ser dejadas a un lado hacen que igualmente lo hagamos con lo que importa.

A algunas personas les cuesta ver que no siempre tienen razón, que las cosas no van mal por culpa de los demás en todas las ocasiones, que la causa de sus males también depende de ellos
Son muchos los que creen que su forma de ver la vida es la única y que aquellos que la ven de otra manera están equivocados. Los que sienten que el pensamiento diferente es un ataque hacia ellos.
Los que solo ven enemigos, viven en un lugar lleno de rencor, un mundo en el que la mayoría de los otros busca dañarlos, en el solo existen los buenos y los malos, o, lo que es igual, los que con ellos están de acuerdo y los que no.

Encontrar nuestro lugar en la vida, aquello con lo que realmente estamos cómodos, lo que encaja con nuestra personalidad, suele ser una tarea compleja.
Algunas personas tienen la gran suerte de encontrar un trabajo con el que se sienten realizados muy. Los más, necesitan probar muchos para llegar a esto.
Con las parejas suele pasar algo similar, aunque existen aquellos que encuentran en su primera relación a una persona con la que compartir la vida de una manera satisfactoria, son numerosos los que deben pasar por varias para llegar a esto.
Dificultad no implica imposibilidad. Así, el hecho de que sea difícil no debería ser excusa para renunciar a ello, sino simplemente ser visto como lo que es, algo muy valioso y costoso.

A veces, lo que más cuesta es no hacer cosas por los que queremos. Existen momentos en los que intervenir en la vida del otro es un perjuicio.
Cualquiera necesita apoyo, sentir que hay gente que vela por su intereses y que, en un momento dado, le servirá de refugio.
De igual manera, todos tenemos un espacio personal, el cual, si no es respetado, generará gran malestar.
Así, las dificultades en la relación con los demás pueden venir por no ofrecer lo que se necesita, pero también por insistir en dar lo que no se quiere.

Día de Reyes, en el que, por encima de todo, se celebra la magia de regalar, a cualquier ser querido, pero, sobre todo, a los más pequeños de las familias.
La tradición tiene su origen en unos personajes que habitaron oriente, considerados reyes, magos y, en muchos lugares, también sabios.
No se conoce reino gobernado por aquellas personas, sí su solemnidad y su capacidad para seguir señales que los demás no supieron leer y menos seguir.
Así, su magia parece residir en su sabiduría y, a la vez, esta parece mágica. Ambas al servicio de ofrecer al otro, de demostrar a los seres valiosos que realmente lo son.

Nuestra capacidad de razonar es una de las herramientas más útiles que tenemos como humanos y quizás una de las que más nos diferencia de los demás seres.
Pero, como todo elemento poderoso, también puede tener un lado oscuro. En ocasiones, esta gran virtud nos lleva a caminar en sendas sin final.
Buscar explicaciones, soluciones, salidas a todo lo que nos inquieta, puede conducirnos a bucles interminables que generan gran cantidad de dolor.
Con mucha frecuencia, esto es necesario y útil. Sin embargo, también se dan las ocasiones en las que no hay manera de evitar lo que nos daña, encontrarle explicaciones o mejores soluciones.
Así, una habilidad esencial en las personas es saber en qué momento dejar de buscar y sí actuar en una dirección u otra, lejos de dañinos círculos de pensamiento que no llevan hacia ningún destino.

A veces estamos tan cerca el uno del otro que no nos podemos ver completamente. A tan corta distancia que solo somos capaces de percibir pequeñas partes.
El detalle es muy valioso, pues en él hay cosas que no pueden ser vistas en la totalidad. Pero, solo este, sin una visión global, no permite observar todo lo que es la persona.
Así, ambas perspectivas son necesarias. No podemos conocernos y valorarnos realmente sin contemplarnos en diferentes distancias de una manera dinámica, en la que se combinen y alternen estas sin permanecer excesivo tiempo en la una o en la otra.