PUBLICACIONES EN REDES 2021 II

No es lo mismo hacer algo con una persona porque esta te hace feliz, que hacer algo con esa misma porque lo que te hace feliz es que ella lo sea.
En las relaciones humanas podemos confundir dos maneras diferentes de vivir lo que llamamos querer. Las cuales, aunque a veces pueden ser similares externamente, no lo son en su raíz.
Una de ellas es más primitiva y se podría decir que más egoísta. Hacemos por el otro porque eso nos hace sentirnos bien, un bien intenso y arrebatador.
En el otro modo, lo que sentimos no se vive con igual potencia, pero sí más prolongado, duradero y profundo. En este, lo que experimentamos está directamente relacionado con la posibilidad de que sea el otro el que crece y se beneficia de nuestra presencia.
Las dos formas no son excluyentes y lo sano es que estas estén presentes en diferente medida conforme las relaciones avanzan.
La forma primera, la que podríamos denominar más básica, es normal que tenga más peso en las fases iniciales y que, sin desaparecer, deje paso a la otra más profunda conforme todo de desarrolla. El problema es cuando esto último no sucede y todo se sustenta en lo intenso y superficial.