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¿Qué es tener éxito?
No sabría responder con exactitud, pero sí estoy seguro de que, si no es algo parecido a querer y que te quieran, no merece la pena el esfuerzo por llegar a él.
Muchos de los caminos importantes solo los encontramos tras saber abandonar a tiempo otros que no lo eran.
No siempre podemos saber cuál es nuestro lugar con nitidez y claridad. En muchas ocasiones este es localizado tras una larga sucesión de aproximaciones.
Una carrera profesional en la que nos sentimos cómodos, esas aficiones que nos llenan, la pareja a la que damos con seguridad y de la que recibimos con satisfacción; realidades que no siempre se hallan tras seguir una idea nítida que nos señala lo que tiene que ser.
En nuestra existencia podemos tener la fortuna de que encaje lo que creíamos que sería bueno para nosotros con aquello para lo que nosotros creíamos que seríamos buenos, pero esto no siempre se da así. A menudo debemos ir probando y descartando para poder llegar a dicho lugar.
Seguir ideas que desechan la compasión es transitar por donde lo hicieron los que dieron forma al lado más oscuro de nuestra especie.
Es algo obvio que la realidad encuentra muy a menudo situaciones en las que es difícil que los que allí están puedan actuar sin infligir ningún sufrimiento a otros seres.
Parece sensato aceptar que no siempre es posible poder vivir sin salpicar de dolor a lo que nos toca de manera más o menos directa.
Ahora, abrazar ideas que hablan de odio y usan el sufrimiento ajeno como combustible de la dicha propia es alimentar a esa parte de la que muchos nos avergonzamos al observar los destrozos que nos hicimos a nosotros y al resto del planeta a lo largo de nuestra presencia en este.

No grites, no seas tan blando, no presiones, no dejes que tu hijo se quede atrás, no des demasiado, haz que se cumplan todos sus sueños, sé realista, dale todo lo que necesite,...

Soy un mal padre, no sé cómo hacerlo, creo que nunca lo lograré. Palabras que resuenan en las mentes de muchos que desean dar lo mejor de sí a sus hijos.

No existe el progenitor perfecto, solo nos queda intentar hacerlo bien, reconocer que nunca lo haremos perfectamente, mejorar aquello que esté en nuestra mano y aceptar que lo que no se puede cambiar es necesario dejarlo estar.

La disculpa sincera necesita de arrepentimiento y este no puede existir sin dolor.

Ante la conducta que se vive como equivocada y el daño que conlleva esta, el intento de arreglar lo posible es una de las formas naturales en las que los seres humanos buscamos ser y estar mejor con el otro.

El remiendo de lo roto no siempre es posible, pero sí queda espacio para la solicitud de perdón, el cual no es otra cosa que la expresión sincera del malestar generado, el compromiso por intentar no incurrir en lo mismo y el propósito de hacer lo que esté en la mano para que esto no vuelva a suceder.

Ante tal definición, no queda otro camino para que la petición de gracia sea posible que el hacer llegar al doliente el malestar que conllevó al responsable del desacierto su acción o acciones.