publicaciones en redes 2024

Las disculpas de algunas personas hay que escucharlas en lo que no dicen.
Pedir perdón es parte del intento de reparación de la relación quebrada por el daño infligido de una parte a otra.
La búsqueda del reencuentro entre ofensor y ofendido no siempre es a través de una petición clara, sino que a veces es a través de gestos, miradas, acciones,...
Abrir todos los sentidos a aquel que tiene la intención de seguir ahí, pero la capacidad de decirlo, es también parte importante de una relación.
Me saboteo yo mismo sin ser consciente.
Eso que tanto deseé, cuando llegó, lo destruí.
Creo hacer lo correcto, pero solo estoy siguiendo a mi parte más oscura.
Todos tenemos una parte de nuestra mente muy autodestructiva. Esta puede aparecer de diferentes formas y, una de ellas, es en forma de autosabotaje.
En esta, nosotros mismos nos convencemos de una supuesta lógica que, en lugar de conducirnos a lo que de verdad queremos, nos empuja muy lejos de eso mismo.
Llegar a las profundidades de uno mismo sin la ayuda del otro es uno de los tantos imposibles que la arrogancia toma como muy posible.
Superar las múltiples barreras que nuestra mente tiene para defendernos del dolor que esta alberga en sus capas menos accesibles es un objetivo inalcanzable.
Nuestro propio sistema mental es así, se protege de manera automática, sin que en ello podamos intervenir directamente.
Diferente es a través de la ayuda de otras personas, de figuras importantes (psicólogos, parejas, amigos) que nuestra mente usa como apoyos en los que ir reconstruyendo los muros ruinosos del edificio que no pudimos crear de manera sana y que genera ese gran sufrimiento.
Comparto como un niño cuando espero mi premio.
Comparto como adulto cuando siento y creo que es lo correcto.
Cuando compartir está motivado por una búsqueda de reconocimiento o por la expectativa de recibir algo a cambio, se hace como una forma de trueque.
Esperar ganancias de lo que se hace en forma de afecto lleva a perseguir de manera adictiva algo que nunca llega a satisfacer.
Esto nos conduce a ser niños que no tienen la capacidad de valerse por sí mismos y que solo pueden vivir a través del aprecio de los mayores.
Cuando uno se vive desde su lado adulto, hace lo que hace porque lo considera adecuado, independientemente de lo que reciba por ello.
La valía desde el lado maduro no se conecta con el reconocimiento, sino que enlaza con la coherencia entre lo que se hace y los valores propios. Así, ser bueno con el que lo merece, es premio más que suficiente.
El mundo me da igual, mis padres no.
El complejo movimiento psicológico que se da entre la imagen que deseamos dar y el temor de no cumplirla se nutre esencialmente de nuestras interacciones tempranas con los padres. Estas se instauran en nuestro inconsciente en forma de la necesidad de transmitir algo ideal ante ellos, pero este deseo choca con el miedo subyacente de no poder lograrlo y con la creencia escondida de no ser capaces de ello.
Esta paradoja se extiende más allá de las relaciones parentales, influyendo de manera determinante en la forma en que actuamos frente a otras personas que nuestra psique coloca en el lugar de nuestros progenitores. Así, sin ser conscientes, funcionamos según una guía emocional que se reproduce en diversas relaciones y que lleva a una búsqueda incansable de algo que nunca llega a ser alcanzado.
Reconocer las heridas de la infancia y aceptarlas puede ser el inicio de un camino interminable: el duro y hermoso sendero del trabajo personal.
Suele ser muy difícil reconocer que lo que ocurrió en la infancia, esas experiencias aparentemente distantes, hieren con saña y conforman gran parte de quienes somos. Ocurre que, una vez admitida esta verdad, comienza un viaje que, entre dolor y satisfacción, acerca al viajero a la claridad de lo que realmente es.
Hacer lo que el otro desea, pero tú no, solo por calmar su ansiedad, sirve únicamente para mantener la inseguridad de ambos.
Aquellos con un ansiedad ante la separación persiguen la calma a través de que los otros estén a su lado, pero, si los otros ceden siempre a sus deseos, estos, en lugar de abordar sus problemas, solo basarán la solución en las acciones de los demás y no en un trabajo interior propio.
Por otro lado, los que quedan al lado de los primeros, siendo conscientes de que no es lo que desean, están respondiendo a dificultades propias que tampoco llegan a abordar. En este caso, es muy probable que exista la perjudicial necesidad de sentirse personas no culpables del malestar ajeno
"No me trata bien, me hace daño; no entiendo por qué es así. Siempre me quejo de él, pero ¿por qué no hago yo nada para solucionar esto?"
Centrar nuestro discurso en los culpables de nuestros males es a menudo un recurso cómodo, pero siempre limitante. Cargar contra parejas, padres o amigos en lugar de asumir nuestra propia responsabilidad es una manera de permanecer en el dolor continuo y alejarnos cada día más de eso mismo que decimos que no nos dejan alcanzar.
Al esforzarme tanto por mostrarme así, me estoy diciendo lo que creo no tener.
En los momentos en los que me presento de un modo concreto, es posible que sea debido a mi anhelo de que me vean en la forma en la que alguna vez, en mi niñez, necesité que me vieran.
No hay nada más erótico que una mente que te lleve hacia lo que tú desconoces de ti mismo.
Si una mente es capaz de suscitar en nosotros aspectos desconocidos dentro de nuestra mente, surge un tipo de atracción muy profunda. Cuando esto aparece, el nexo entre la emoción y la psique se une a la curiosidad sobre lo oculto en uno mismo para hacer brotar el erotismo. El abrazo entre consciencias lleva a nuevas creaciones a través de lo antes no tenido en cuenta, a lo que va más allá de los cuerpos.
No es más fuerte quien se afana en controlar a los demás, sino quien no necesita hacerlo para sentirse fuerte.
Aquel que intenta ser el dueño del otro deja ver un interior frágil, pues solo controlando al de su lado se siente fuerte. El poder real está en los que no necesitan de la sumisión ajena, sino que se sirven de la independencia, de su confianza y de su capacidad para luchar contra las adversidades que encuentran en su camino.