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¿QUÉ TIPO DE AMANTE ERES?

El que una persona sea considerada como amante no siempre responde a una misma realidad; puede hacer referencia a la pasión que esta muestra por algo o alguien, al mantenimiento de relaciones sentimentales  y sexuales furtivas con personas ajenas a aquel con el que se mantienen una relación sentimental  o, simplemente, puede usarse para describir a los que se aman de forma mutua a la vez que se conforman como pareja (“Definición”, s.f.).

La última concepción de la persona como amante es a la que se dirige este artículo y, en concreto, al estilo o forma en la que cualquiera que se implica en la tarea de amar lo hace; en otras palabras, al conjunto de pensamientos, emociones y conductas que tendemos a experimentar y expresar cuando estamos inmersos en una relación sentimental. Tendencia que, sin duda, influye en la frecuencia con la que nos implicamos en estas, en la satisfacción que podemos llegar a alcanzar y, por supuesto, en la forma en la que se desarrollan.

Con objeto de definir las nombradas predisposiciones, estilos o tendencias, haremos uso de la interpretación que  Hazan y Shaver (1988)  citado en  (Feeney y Noller, 2001) hacen de del amor de pareja. Este, según los autores, está conformado por tres sistemas conductuales cuya mayor o menor importancia puede diferir a lo largo del desarrollo de una misma relación y de unas a otras. En concreto, los sistemas señalados son el de apego, el de cuidado y el relativo a la sexualidad.  

El apego es,  de los tres señalados, el que influye con mayor intensidad en las relaciones amorosas. Este, según los mismos autores señalados, está conformado por una serie de respuestas comportamentales y emocionales que implementa el amante, dirigiéndolas hacia la persona amada, que incluyen sonrisas, abrazos,  necesidad de compartir reacciones y descubrimientos, etc. Caracterizándose también este sistema por aportar una gran sensación de seguridad en el amante cuando el ser amado está receptivo y  por la búsqueda de la disponibilidad de este mediante la emisión de algunas de las conductas señaladas cuando no se percibe dicha receptividad.  

El estudio del apego en las relaciones sentimentales llevó a Bartholomew (1990) citando en  (Feeney y Noller, 2001) a considerar que las personas tienen diferentes estilos que determinan su manera de acercarse a la persona amada y que vienen determinados fundamentalmente por la interacción que tienen en el individuo los modelos mentales sobre sí mismo y sobre los demás. Dicho en otra forma, si una persona considera que es digna merecedora de amor y atención o, si por el contrario, esto no es así y, a la vez, si es capaz de interpretar que el otro está disponible y se preocupa por él o, si por el contrario, lo que siente es distanciamiento, despreocupación, rechazo…

El primer estilo es el conocido como apego seguro. En este la persona se siente segura de sí misma y de la persona amada; encontrándose cómoda intimando e, igualmente, funcionando de manera autónoma. Le resulta sencillo implicarse emocionalmente, a la vez que no le importa estar solo o no ser aceptado por los demás.

Otro grupo sería el conocido como apego resistente. Aquí la persona se siente segura de sí misma, pero no tanto de los demás; prefiere no llegar a intimar emocionalmente y, por lo tanto, no depender ni que dependan de ella.

El apego preocupado conforma el tercer grupo. La seguridad aquí es hacia el otro, pero no sobre uno mismo. A las personas que pueden ser clasificadas dentro de este grupo les gusta la intimidad emocional, pero se sienten muy incómodos y preocupados porque los demás no los valoren y los necesiten de la misma manera que ellos lo hacen.

Por último, encontramos al grupo de los temerosos. Estos tienen una concepción negativa, tanto de sí mismos como de los otros. La intimidad les provoca incomodidad y, aunque deseen tenerla, desconfían de los otros; temiendo ser dañados cuando esta sea alcanzada.

Como es fácilmente interpretable, aquellos con un apego seguro tendrán mayor facilidad para establecer relaciones amorosas satisfactorias. De los otros tres grupos,  el de los temerosos es el que, sin duda, encontrará mayor dificultad.

Una cuestión importante de señalar es la referente a la estabilidad de estos modelos a lo largo de la vida y de las relaciones. Diferentes investigaciones han encontrado que, aunque estos suelen ser bastante constantes,  los adultos pueden cambiar de unos estilos a otros a lo largo de su vida y que, también pueden variar estos dependiendo de la relación. Sugiriendo algunos autores que es posible que una misma persona presente las características de unos u otros según  las expectativas que tenga en cada relación; las cuales serían las encargadas de activar determinados esquemas mentales que han sido desarrollados a partir de las diferentes experiencias en las relaciones interpersonales que hayan tenido previamente.

 

Lista De Referencias.

Definición De Amante. (s.f).  Definición ABC. Recuperado de http://www.definicionabc.com/social/amante.php

Feeney, J. y Noller, P. (2001). Apego Adulto. Bilbao. Desclée De Brouwer.

 

 

Autor: Juan Antonio Alonso.

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