PENSAMIENTOS INTRUSOS: ESE DEMONIO QUE LLEVAMOS DENTRO.

Si se le pregunta a un psicólogo por el tipo de conductas problemáticas que suele ver en su consulta, es altamente probable este responda que la gran mayoría de estas son de naturaleza mental. En otras palabras, nos indicará que el origen de aquello que atormenta a la mayor parte de clientes se encuentra principalmente en sus pensamientos y no tanto otras fuentes ajenas a ellos como podría ser su entorno personal y laboral. Muy posiblemente este señalaría que estos factores, aunque probablemente influyan de una manera importante, no son tan determinantes como los pensamientos en la creación y desarrollo de dificultades.

Dentro de las conductas mentales no adaptativas, aquellas que conducen al sufrimiento en el ser humano, destacan por su capacidad de generar malestar, los conocidos como pensamientos intrusos. Los cuales podrían definirse atendiendo a las siguientes características:

  • Hacen su aparición de forma automática e intrusiva, de manera no controlada, donde la que la voluntad no puede intervenir directamente en su dominio.
  • Su presencia es recurrente e intensa, lo que lleva al que los padece a experimentar una forma de paliza mental.
  • Poseen una fuerte carga emocional negativa que se muestra en forma de rabia, miedo, tristeza,…
  • No conducen a fines prácticos y, por el contrario, si conducen a un bucle interminable sin sentido de utilidad.

Ejemplos claros de este tipo de fenómeno podemos encontrarlos en aquellas personas que dan vueltas una y otra vez a lo mal que les ha ido la vida, aquellas que se preocupan de manera repetitiva de los múltiples problemas que les aguardan en el futuro o las que se enredan en valoraciones negativas acerca de lo malos o incompetentes que son. En definitiva,  en un sinfín de contenidos que llenan las consultas de psicología.

Una cuestión esencial a la hora de abordar la manera en la que este tipo de pensamientos actúan es que, a pesar de ser creaciones del aquel que las sufre, cuando entran en su vida, si la relación con ellos no es la adecuada, estos parecen actuar con vida propia. Así, una vez se hacen fuertes quieren seguir creciendo y nunca retroceder, asemejándose a un microorganismo externo que hubiese colonizado a la persona. Podría decirse que se alimentan del grado de importancia que se les ofrece a través de creer lo que estos dicen, de pelear contra ellos o de intentar evitar el contacto a través de cualquier forma de evitación.

El antídoto para estos “seres” es la aceptación y la defusión, la no lucha contra ellos, el no intento de escapar y el tomar distancia al considerarlos lo que realmente son; pensamientos que actúan como bacterias, virus o “demonios internos” que se alimentan de la jerarquía que les conferimos. Se trata pues de situarlos en el lugar que les corresponde, rebajarlos de la categoría de realidades perniciosas que han de ser escuchadas, eliminadas o de las que se debe huir desesperadamente, a la de simples pensamientos “basura”, fruto del funcionamiento deficitario que tiene en ocasiones la mente humana, los cuales no merecen mayor consideración que la atribuida a una molestia con la que la persona ha de convivir mientras se esfuerza en realizar muchas tareas que tienen un significado real para ella.

 

 Autor: Juan Antonio Alonso

 

Última reedición: 07/04/2020

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Comentarios: 1
  • #1

    Andrea (domingo, 16 junio 2019 06:12)

    Gracias!!