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MINDFULNESS PARA LA GESTIÓN EMOCIONAL

A todos nos ha pasado. Nos ocurre algo, nuestras emociones se disparan y perdemos el control. Podemos empeorar la situación, decir cosas de las que nos arrepintamos o herir los sentimientos de alguien. Para evitar que las emociones nos hagan perder el control necesitamos tener inteligencia emocional, es decir, poder gestionar nuestras emociones. Aquí os explicamos como te puede ayudar el mindfulness para la gestión emocional.

 

¿Qué es el Mindfulness?

 

Cada vez se oye más hablar de este concepto pero pocos conocen que significa y en qué consiste. Mucha gente lo suele confundir con la meditación pero son dos cosas distintas. No en todas las prácticas mindfulness interviene la meditación.

El mindfulness consiste en la atención o conciencia plena, es decir, es la práctica de la autoconciencia sin juzgar. Se trata de dirigir nuestra atención hacia uno mismo en el momento presente. De esa manera tomamos conciencia de nuestros pensamientos, emociones y de nuestro propio cuerpo. Normalmente vivimos en automático: estamos haciendo una cosa y nuestra mente está en otro lado. De ahí viene su habilidad para ayudarnos con la gestión emocional. Nos permite observar cómo nos sentimos y cómo reaccionamos ante determinadas situaciones.

 

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es la capacidad que tenemos las personas para poder identificar, comprender y manejar las emociones de una forma adecuada, tanto propias como ajenas. Ya que somos seres emocionales y no podemos escapar de las emociones, esta capacidad nos va a permitir manejas las emociones negativas, no ser esclavo de sus reacciones, saber detectarlas en uno mismo y en los demás (empatía), a saber expresarlas de forma adecuada y a tomar mejores decisiones.

La ira, el miedo, el dolor, el rencor, son emociones negativas muy intensas que nos pueden hacer perder el control y nos pueden llevar al más duro de los abismos. Nos sucede algo, sentimos una emoción y un pensamiento asociado. Y según ese pensamiento reaccionamos de una forma u otra. Tener una buena inteligencia emocional no te hará que no te pasen cosas malas ni que no las sientas, si no que estarás más protegido ante las emociones que te causen al poder regularlas. 

Es la clase para ser más feliz en la vida y conseguir bienestar emocional, ya que una mala regulación de nuestras emociones nos puede impedir tener unas sanas relaciones sociales, nos puede llevar a cometer errores graves irreparables, tener problemas en el trabajo,…

 

¿Cómo nos puede ayudar el Mindfulness para la gestión emocional?

 

Es totalmente imposible tener una buena inteligencia emocional sin poner atención a nuestras emociones. Necesitamos tener una conciencia emocional para poder trabajar en ellas. Afortunadamente es una habilidad en la que podemos trabajar gracias al mindfulness

¿Cómo podemos aplicar el Mindfulness?

Pues comenzar con unos minutos al día y luego ir ampliando el tiempo hasta llegar a los 15-20 minutos al día. Lo puedes hacer en cualquier sitio siempre y cuando nadie ni nada vaya a molestarte durante esos minutos de conexión, donde puedas estar tranquilo y libre de ruidos.Desactiva todo aquello que pueda interferir. Puedes hacerlo sentado cómodamente con la espalda recta o tumbado. Requiere tiempo, paciencia y práctica para poder notar los resultados, por lo que no te frustres si al principio no lo consigues.

 

Os dejamos unos pasos de mindfulness para la gestión emocional.

 

-Parar. Deja todo lo que estés haciendo para poder centrarte en ti mismo.

-Respiraciones. La respiración es ideal para comenzar a tomar conciencia de nuestro cuerpo y para tranquilizarnos. Al ponerte como foco de atención, la mente se calma y podemos observar con más claridad sin las sensaciones abrumadoras que nos causan las emociones.  Haz respiraciones suaves y profundas por la nariz y soltar por la boca. Solo con este paso se puede reducir la intensidad de la emoción.

-Observa. Mira la emoción como se manifiesta en tu cuerpo. Escanea tu cuerpo para saber dónde la identificas: cuello, garganta, estómago… y como la sientes. Observa sin juzgarla como buena o mala, simplemente sintiéndola.

-Aceptación. No se trata de resignarse ni negar la emoción. Se trata de ver la realidad como es. La resignación conlleva sufrimiento ya que implica querer que las cosas sean distintas, en cambio la aceptación no conlleva sufrimiento. Se aceptan las cosas como son, sin pretender cambiarlas.

-Compasión. Sé bondadoso y amoroso contigo mismo. No te fustigues por sentir esa emoción. Sé comprensivo contigo mismo.

-Deja ir. La emoción ya ha cumplido su objetivo.Deja que suceda, que pase y que siga su camino. Déjala que se vaya. Tú no eres la emoción, tú viviste esa emoción. No te identifiques con ella.

-Decide tu actuación. Una vez la emoción ya está controlada es cuando podemos decidir juiciosamente cómo actuar.

 

El uso del mindfulness mejorará tu calidad de vida notablemente en todas las áreas de tu vida. Solo por eso merece la pena dedicarse unos minutos al día a nosotros mismos. Además de ayudarnos con la gestión emocional mejora nuestros niveles de estrés, nuestra concentración, la gestión de conflictos, la creatividad, baja la ansiedad, ayuda a dormir mejor y mejora la empatía entre otros beneficios.

 

Porque recuerda… Se trata de tu propio bienestar, ¡si no lo haces nadie lo hará por ti!

 

Bibliografía.

Simón, V. y Germer, C. (col.) (2011). Aprender a practicar Mindfulness (10ª edición). Madrid: Sello Ediciones.

 Kabat-Zinn, J. (2009). Mindfulness en la vida cotidiana. Donde quiera que vayas ahí estás. Paidós.

 

Autor: Marta Castelos Cortizas.