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Cómo Vivir Con Nuestras Emociones Y Pensamientos Negativos

La búsqueda de sentirnos bien es una meta que todos, en mayor o menor medida, perseguimos. A cualquiera le gusta experimentar felicidad, paz, seguridad, tranquilidad, etc. es decir, toda persona es atraída por las emociones que podemos clasificar como positivas y aborrece las que interpretamos como negativas: tristeza, ira, miedo,…

Los humanos tenemos la certeza, además,  de que no solo se trata de sentirnos de una u otra forma, sino que esto lleva aparejadas determinadas formas de pensar que nos hacen ver las cosas de una u otra manera. Podría decirse que, según lo que aparezca en nuestra mente y las sensaciones que apreciemos en todo nuestro cuerpo, el mundo será mejor o peor. Así, por ejemplo, si una mañana creemos que somos personas muy buenas y capaces y, además, nos sentimos felices por ello, observaremos  la vida como un gran invento que solo puede proveernos de eventos repletos de bondad. Lo contrario nos ocurriría si, por ejemplo, un día cualquiera aparece en nuestra mente la idea de que somos unos ineptos e infortunados, sintiéndonos, a la  vez, tristes y desganados; en ese momento, al contrario que en el anterior, el mundo se tornaría  un lugar inhóspito y carente de sentido.

La realidad planteada es algo que acompaña a cualquiera de modo permanente; eso sí, por fortuna, no siempre en los extremos antes planteados. Existen múltiples estados intermedios que son los que se dan en mayor abundancia en la vida de la gran parte de ciudadanos: situaciones en las que nuestras emociones son, más o menos, neutras y nuestros pensamientos se refieren a situaciones banales o a diferentes cuestiones prácticas que exige el momento. Aún así, aunque estos estados medios que casi no percibimos son los que más abundan en nuestra vida, cuando hacen presencia aquellos que se sitúan en el polo negativo o positivo, su efecto es bien diferente. En los momentos en los que nos sentimos enormemente tristes tendemos a la desactivación, al abandono de nuestros proyectos y dirección vital. De igual manera, cuando las emociones y pensamientos son de enorme alegría tendemos a expandirnos y a participar de casi cualquier  actividad que se nos presente; aún perdiendo en ocasiones la perspectiva de sí esta es o no conveniente al medio o largo plazo. 

Algunos individuos que viven casi permanentemente entre situaciones emocionales extremas son clasificados habitualmente como bipolares. Podría decirse que estos se encuentran en una especie de montaña emocional donde, cuando están en la cumbre, el mundo es maravilloso; pudiendo llegar a realizar acciones que requieren mucha energía física y económica y que son llevadas a cabo con tanta entrega que acaban resultando perjudiciales para ellos y su familia. Ejemplo de esto sería el comprar muchos bienes aún siendo innecesarios o involucrarse en diferentes diversiones no sanas. Estos mismos, cuando se sitúan en el valle de esta montaña emocional, cambian el exceso por la casi total inactividad; pasando casi todo su tiempo, por ejemplo, postrados en la cama o sofá.

Sin duda, de los dos polos señalados, el positivo y el negativo, es este segundo el que más inquieta a la mayoría de personas. Así, las estrategias por librarnos de vivir bajo la tristeza, el miedo o la rabia son propuestas e implementadas de manera generalizada desde el ámbito médico, psicológico, religioso, filosófico, esotérico, industrial, comercial, etc. 

La psiquiatría propone para su solución, principalmente, el uso de psicofármacos que ayudan a que las emociones dejen de ser tan negativas; usando la lógica de que muerto el perro se acabo la rabia. La industria y el comercio, por su parte, parece que lo que fomentan es más la prevención que la cura; es decir, promueven la adquisición de diferentes bienes que supuestamente harán que vivamos en el lado positivo de las emociones y, por lo tanto, lejos de las negativas. En la psicología, la filosofía y el esoterismo las estrategias son más variadas. Algunas siguen la idea de la medicina de atacar directamente al pensamiento y su emoción, fomentando el cambio mediante diferentes técnicas: reestructuración cognitiva, parada de pensamiento, plegarias, rituales,…. Otras, sin embargo, usan una idea totalmente opuesta. Se trata la de la consideración de ese estado extremo como simplemente lo que es; emociones y pensamientos que unas veces aparecen y que, si se dejan tal cual, sin luchar contra ellas, sin intentar modificarlas, acabaran por desaparecer para luego regresar en un incesante ciclo en el que unas veces están y otras no. 

Esta última estrategia, la de la aceptación, se implementa en varios niveles. Así, se puede de hablar de esta como técnica para enfrentar al estado emocional desagradable; la cual nos indicaría que, en lugar de pelear con este e intentar modificarlo o, de igual manera, tomarlo como una realidad a la cual hemos de atender, lo que hemos de hacer es dejarla como está y tener en cuenta que solo es un fenómeno mental con el que podemos convivir. Pero también se refiere a la aceptación de que la vida conlleva cambios constantes, de que no podemos pretender estar en un estado de felicidad permanente o, ni siquiera, de un estado de neutralidad perpetua. Se trata de darnos cuenta de que vivir conlleva subir y bajar la montaña de las emociones de manera casi permanente y que, por lo tanto, no podemos supeditar el seguir viviendo (desarrollando nuestros proyectos, relacionándonos con nuestros seres queridos, saboreando la belleza, etc.) a la presencia de una u otras.

 

Autor: Juan Antonio Alonso

 

 

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